JOURNAL OF COMMUNITY SYSTEMS FOR HEALTH
2026, VOL. 3
https://doi.org/10.36368/jcsh.v3i2.1346
CONVERSACIONES CON
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Treinta años de rebeldía

Lupe Pérez1* , Carmiña Sanabria1

1: Colectivo Rebeldía, Bolivia

*Corresponding author: No disponible

Recibido 26 enero 2026; Aceptado 1 marzo 2026; Publicado 8 marzo 2026


Lunes, tres de la tarde del 22 de febrero de 2024, el sol se posa bañando el espacio. Cada cartel en la oficina de Lupe revela que este es el centro de operaciones de una gran batalla. Libros, folletos, carteles, megáfonos y dos vasos de agua, arma para apaciguar los 29 grados que hace en Santa Cruz, nutren un espacio que mágicamente cambia de formas: a veces es una oficina, otras un lugar de encuentro, algún viernes por la tarde se convierte en salón de fiestas, y siempre es un refugio de valientes y envalentonadas. Ahí están Lupe Pérez y Carmiña Sanabria. Compiches, tejedoras de frases compartidas. “La palabra aborto se les hacía sal en la boca”, se desliza con tanta fuerza que se las puede ver en la Plaza 24 de septiembre extendiendo metros y metros de tela verde. Tan verde como la marea, tan verde como la esperanza.

1 Del miedo a la voz colectiva: la historia del Colectivo Rebeldía

1.1 El 2025 celebramos 30 años de la existencia del Colectivo Rebeldía

Como cuando eliges el día en que nace tu hijo, así decidimos que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nacería el Colectivo Rebeldía. Fue hace casi treinta años, impulsado por mujeres feministas que venían de la experiencia del “Foro de la Mujer”. Eran tiempos en que asumirse feminista no era una palabra simpática ni aceptada. “¿Cómo se van a llamar así? Nadie las va a querer”. Se fundó en Santa Cruz. Un conjunto de mujeres que se reunían y discutían sobre feminismo, hacían talleres. Dos de ellas, Cecilia Moreno y María Eugenia Canedo, impulsaron un proyecto que les financió la embajada de Holanda para trabajar con mujeres en barrios emergentes de la ciudad.

Dos años después de su creación, al llegar yo a Bolivia, me incorporé. El Colectivo no tenía entonces la presencia ni los recursos de hoy. Remábamos en tiempos de neoliberalismo, con la mirada puesta en la justicia social y económica. Bajo este paraguas empezamos a trabajar autonomía reproductiva, derechos sexuales y reproductivos, temas que casi nadie se atrevía a nombrar en público. Antes éramos muy pocas las que hablábamos de aborto como derecho; nos miraban como raras, pero igual salíamos a la calle a interpelar. Hoy ya no estamos solas, aunque sigue siendo necesario alimentar los argumentos y abrir espacios de debate.

1.2 La Campaña y el Colectivo, activismo y esencia

La Campaña 28 de septiembre llegó a Bolivia apenas un año después del nacimiento del Colectivo. Nos sumamos inmediatamente. Hacia el 98-99, tras un encuentro internacional, el CIDEM trajo la Campaña a Bolivia y Ximena Machicado asumió la coordinación. Desde entonces, el Colectivo Rebeldía ha sostenido su presencia, ganando reconocimiento hasta consolidarse como institución. En el camino hubo trámites, personerías, registros: la formalidad necesaria para sobrevivir en este entorno, pero siempre con el espíritu activista intacto.

Ese activismo se expresa en acciones directas, pero también en la investigación, la planificación estratégica y la producción de conocimiento. No puedo decir que el Colectivo tenga una postura distinta a la de la Campaña, porque siempre hemos sido respetuosas de fortalecer el espacio común sin apropiarnos de él. Esa decisión de actuar desde el consenso y no desde la imposición nos dio legitimidad.

En Santa Cruz, si se habla de aborto, necesariamente se habla del Colectivo Rebeldía. Hemos llevado el tema a la política pública, lo hemos defendido en la calle, lo hemos argumentado en debates. Para nosotras el aborto no es un asunto médico aislado, sino una política antipatriarcal y anticolonial. Es cuestionar el capitalismo que se apropia de los cuerpos de las mujeres para usarlos como fuerza de trabajo. Por eso entendemos que el derecho al aborto no se conquista desde lo institucional solamente, sino desde el tejido social y desde la diversidad.

1.3 Útero, cuerpo, alma, vida y corazón

Lupe y Carmiña siempre dicen que en Bolivia la Campaña 28 de Septiembre existe porque el Colectivo Rebeldía le ha puesto útero, cuerpo, alma, vida y corazón durante casi treinta años. Esa entrega ha hecho posible su sostenibilidad en medio de crisis y cambios generacionales. Hoy convivimos varias líneas: las fundadoras, las del medio y las más jóvenes, con mucha energía y convicción, aunque todavía con pocos recursos políticos para sostener la causa.

En este tiempo han surgido también discursos centrados en lo individual, en el aborto “entre amigas” o “a solas”. Nosotras decimos: puede ser una opción, pero no para todas. ¿Cómo una mujer que vive en una pieza, con tres hijos, el marido, la abuela, y un baño compartido a cuatro metros va a tener condiciones para abortar sola, acompañada solo de una amiga? Aquí se evidencia la conciencia de clase: no todas las mujeres tienen las mismas posibilidades.

El aborto autogestionado puede ser un acto de autonomía, sí, pero hay que reconocer los contextos reales. Por eso insistimos en que el Estado debe garantizar condiciones seguras y accesibles para todas las mujeres y personas con capacidad de gestar. El derecho no puede depender de la casa donde vives o del dinero que tengas.

1.4 La incidencia política de todos los días

Otro de los ejes importantes ha sido la incidencia ante el Estado y la insistencia en políticas públicas. Eso nos generó tensiones, porque muchas ONG se dedicaron a hacer lobby buscando leyes y normas, dejando de lado la lucha cultural y de sensibilización. Para nosotras, fue claro que sin base social ninguna ley se sostiene.

Hace veinte años salir a hablar de aborto en prensa o en la calle tenía un costo enorme: te jugabas tu nombre, tu trabajo, tu seguridad. Aun así, hubo avances. Hoy escuchamos a mujeres indígenas del oriente levantar argumentos claros a favor del aborto, cuestionando la idea de la maternidad como única alegría. Esa voz es un quiebre en un país donde la mortalidad materna, el embarazo infantil y adolescente siguen siendo dramas cotidianos.

Al mismo tiempo vemos como la cooperación internacional prioriza recursos para colectivos pequeños en lugar de atender los problemas más graves: la violación de niñas, los embarazos forzados, la falta de acceso a abortos seguros. Nosotras no negamos derecho a las diversidades sexuales, al contrario, creemos en un feminismo inclusivo. Pero también decimos que hay que priorizar según las urgencias de la sociedad. No podemos invisibilizar que cada tres horas una niña es violada en Bolivia. No somos feministas excluyentes, no rechazamos a nadie. Queremos un feminismo que camine con todas, todos y todes, pero con claridad política: la lucha por el aborto seguro y legal no es marginal, es vital. Y es parte de una apuesta colectiva para transformar la vida de las mujeres y de los pueblos.

1.5 Avances y retrocesos. Un constante ir y venir

La Campaña 28 de Septiembre nació de iniciativas puntuales, traídas por Ximena Machicado en los años noventa, en un contexto de encuentros regionales y de fuerte intercomunicación entre activistas. Esa propuesta, apoyada por el CIDEM logró articular instituciones y mujeres de distintos lugares.

Con el paso del tiempo -ya son casi treinta años-, las cosas se han ido asentando, pero también han cambiado: algunas compañeras se retiraron por razones personales, políticas o de financiamiento; otras por debates desacuerdos naturales dentro de un movimiento vivo. No se trata de divisiones entre buenas y malas, sino de dinámicas propias de la discusión feminista y del contexto político boliviano. También hubo ONGs que se alejaron cuando se modificaron sus fuentes de apoyo o su liderazgo. Así, la historia de la Campaña y del Colectivo ha sido siempre un vaivén de avances y retrocesos.

A veces se piensa que en el Colectivo todo fluye sin conflictos, pero no es así. Hubo tensiones por temas de protagonismo, membresía, relaciones internacionales y capital político personal. Sin embargo, siempre se buscó sostener una articulación plural, abierta a mujeres diversas: populares, rurales, urbanas, profesionales, universitarias, de clase media. Esa fue la apuesta original, y aunque hubo altibajos, nunca se abandonó esa visión.

La coyuntura también marcó nuestras prioridades. En un momento, nos volcamos a la reglamentación del artículo 266 del Código Penal, que hoy parece ridícula: buscábamos hacer más expedito un procedimiento que seguía siendo restrictivo. Otra apuesta fue la “Ley de Carlos Mesa” de 2004, llamada Ley Marco de Derechos Sexuales y Reproductivos. Aunque no hablaba de aborto y resultaba mediocre, la defendimos porque era una ventana frente la campaña brutal y mentirosa que montaron los sectores conservadores. Con todo, nos dio experiencia de incidencia y nos obligó a medir fuerzas en la arena pública.

1.6 Aborto: Código Penal, sentencia constitucional y otras luchas

En casi tres décadas acumulamos múltiples hitos, dice Carmiña: la frustrada Ley Marco de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos, el debate sobre el Art. 266 del Código Penal, y la Sentencia Constitucional 0206/2014. Esa sentencia eliminó la autorización judicial para abortar en los casos permitidos por ley, lo cual fue un avance. Pero al mismo tiempo ratificó la constitucionalidad de los artículos que penalizan el aborto, un lastre que seguimos cargando y que pocas veces se discute.

Este episodio también mostró cómo funciona el centralismo: instituciones con más recursos y acceso asumieron la representación, negociaron y lograron la respuesta final sin consultar a todas. Nosotras, desde Santa Cruz, tuvimos que acatar, “tragarnos” las decisiones tomadas en La Paz. Es parte de la cultura política boliviana y de las tensiones de poder.

Para el Colectivo Rebeldía, la meta es clara: las mujeres puedan decidir libremente, que el aborto sea seguro, gratuito y garantizado por el Estado. Pero no se trata solo de interrumpir embarazos; la agenda está unida a la justicia social, a los derechos humanos, a la democracia, a la libertad. Es parte de la lucha más amplia por despatriarcalizar la sociedad.

1.7 La Campaña 28 de Septiembre nos moviliza

Hace tres décadas nadie hablaba de despatriarcalización. Hoy sabemos que el patriarcado es una estructura que controla nuestros cuerpos, nuestras energías y nuestra reproducción. Por eso la lucha por decidir sobre el aborto es estructural: toca la dignidad y la libertad de todas.

Lo que mueve a estar en la Campaña, dice Lupe, es la indignación: que una mujer que quiera interrumpir un embarazo y no pueda hacerlo es un atropello, una humillación. Pienso en una mujer pobre, con pocos recursos, sin información ni apoyo, que enfrenta sola un embarazo no deseado. Es una tortura. Por eso la Campaña es nuestro espacio común, el sujeto político que articula la rabia y la esperanza.

En estos años no solo hemos militado: también hemos formado. Empezamos con talleres, diálogos, conferencias de prensa, discutiendo sobre sexualidad, sobre temas que nunca antes se habían conversad la Campaña nos transformó a nosotras mismas mientras luchábamos por transformar la sociedad.

1.8 Obligar fue y sigue siendo una tortura

Desde el inicio, la incidencia política del Colectivo también pasó por los foros de salud sexual y reproductiva impulsados por el propio Ministerio de Salud. Éramos pocas: unas en La Paz, otras en Santa Cruz, una en Sucre, algunas en Cochabamba; en Beni, Tarija, Potosí, Pando u Oruro, no había nadie. Éramos un grupo disperso, pero tejimos juntas lo que después sería el “Pacto”: un paso decisivo antes de los cambios en el Código Penal. Allí empujamos la idea de que el aborto debía reconocerse como un tema de salud pública, y que el embarazo no deseado no podía seguir siendo invisible.

El camino de la incidencia no fue solo técnico, también estuvo marcado por pasos concretos que nos estremecieron. Nunca olvidaré la historia de una niña en Santa Cruz, víctima de violación, a quien una jueza evangélica fundamentalista, Gaby Suárez, obligó a continuar con su embarazo. A pesar de nuestras cartas, pronunciamientos y redes de apoyo, la jueza negó el aborto, amparada en el artículo 266. La niña parió y el bebé murió. La madre fue hostigada, y nosotras denunciamos a la jueza. Pero el daño ya estaba hecho. Esa niña fue torturada por el sistema, por el Estado, por una justicia ciega y patriarcal.

A partir de ese caso, empezaron a destaparse otros, como si hubiera una olla de presión que de pronto se abría. Antes los casos quedaban en silencio, ocultos; después de aquel, ya no pudimos callar. Éramos pocas, cuatro gatas, pero levantamos la voz, en los pasillos del poder y en las calles.

Recuerdo cómo en la Plaza 24 de septiembre se plantó un pastor evangélico con un feto en una urna de vidrio, haciendo huelga de hambre. Esa imagen recorrió medios y redes. Nosotras lo vivimos como un límite ético que jamás cruzaríamos: ¡no se puede instrumentalizar así la muerte! Pero al mismo tiempo vimos la potencia política de esas estrategias de los antiderechos. Como dijo Susana Rance, aquello fue, lamentablemente, una jugada efectiva de incidencia. Nosotras respondimos con argumentos, con movilización, con alianzas, pero fue una batalla desigual. Aun así, seguimos insistiendo: porque obligar a parir, obligar a gestar, sigue siendo una tortura. Y contra eso hemos peleado cada día.

1.9 La palabra aborto se hacía sal en la boca

Cuando la Campaña 28 llegó al mundo, nosotras rompimos un silencio muy pesado. Hasta entonces, el embarazo era siempre celebrado, aunque fuera impuesto, aunque doliera. Lo primero fue hablar del “embarazo no deseado”, y luego atreverse a pronunciar la palabra “aborto”, que al inicio se nos hacía sal en la boca. Había miedo, incomodidad, vergüenza.

En Santa Cruz abrimos debates en lugares como el Museo de Arte, enviando invitaciones con membrete del SEDES, para que pareciera más oficial. Allí se sentaban médicos, amigas, amigos, incluso personas que estaban en contra, y nosotras íbamos con la decisión de discutir un problema de salud y de vidas, con historias concretas. Esa fue nuestra manera de empezar a posicionar el tema: con investigación, con activismo, con la osadía de ocupar espacios públicos.

Recuerdo un caso que nos marcó: una niña embarazada trasladada de Cochabamba a La Paz para que le practicaran un aborto, en coordinación con Elizabeth Salguero, que ese entonces impulsaba la Campaña. Era un acto de osadía, casi imposible en aquellos años, pero se logró. Hoy esas prácticas -rescatar a una niña, apoyarla junto con una tía que se la secuestró a la madre que no quería hacerle el aborto, gestionar médicos amigos- se han vuelto parte de nuestro trabajo cotidiano.

Incluso algunas funcionarias de la Defensoría de la Niñez llegan hoy a nosotras y dicen: “he conocido un caso de una niña, por favor intervengan, ayúdenme”. Eso muestra cuánto ha cambiado la realidad. Hace veinte años parecía impensable. Sin embargo, el acceso sigue atravesado por las desigualdades: la clase social, la ruralidad, el nivel de información. No es lo mismo una familia con recursos y contactos, que otra que viene del Chapare y llega al hospital de Cochabamba a ser humillada. Por eso no podemos confiar solo en el acompañamiento: el Estado tiene que asumir su responsabilidad. A pesar de los avances, los resultados siguen siendo insuficientes.

1.10 Mirar los hitos y tomar las oportunidades

En este camino hubo hitos importantes. Uno de ellos lo marcó el Centro Juana Azurduy, que no se declara abiertamente pro-aborto, pero que con su equipo legal resolvió un caso y dejó claro que en Bolivia el aborto es legal en ciertos marcos. Esa jurisprudencia fue fundamental.

Otro frente fue el posicionamiento del aborto como problema de salud pública. Con el Ministerio de Salud hablamos de mortalidad materna, de embarazos no deseados, de la necesidad de abrir espacios de discusión en colegios médicos, en universidades. Fue un trabajo paciente de “abrir, abrir, abrir” debates.

La Campaña también creció como un sujeto político feminista, no solo como un espacio abortero. Se discutieron principios, valores, estrategias y formas de organización, adaptando la lucha a cada departamento. En lugares como Beni y Oruro tejimos alianzas con colectivas LGBT, coincidencias estructurales de lucha.

En medio de eso apareció la Sentencia Constitucional 0206, presentada por Ipas, junto a la diputada Patricia Mancilla, sin consulta previa. Al principio la rechazamos. Nosotras nos enteramos de casualidad: nos parecía una estrategia errada que podía entorpecer la reforma al Código Penal. Pero cuando ya estaba en curso, asumimos la tarea de argumentar, difundir y hacerla cumplir. Fue contradictorio, porque no era la vía que hubiéramos elegido, pero terminó dándonos una herramienta práctica: la ruta para las Interrupciones Legales del Embarazo (ILE). Así, aunque con tensiones, aprendimos a tomar las oportunidades, incluso cuando no eran las ideales.

1.11 Desde nuestros cuerpos hacia la Asamblea Constituyente

En paralelo, elaboramos una propuesta de despenalización que llevamos a la Asamblea Constituyente. Mucha gente se rió, pero estuvimos ahí, siendo un sujeto político importante. Fue un momento clave: la Asamblea aprobó, casi sin debate, el derecho a la vida “desde la concepción”. Solo Loyola Guzmán votó en contra, con la claridad de que era un despropósito. Frente a eso, la Campaña 28 celebró sus diez años en Sucre con poleras moradas, tiradas en el suelo, pidiendo reunión a Silvia Lazarte, que presidía la Asamblea.

La tensión era fuerte: mientras otras organizaciones feministas decían “nosotras no somos aborteras”, nosotras llevábamos ese estigma a cuestas, y lo defendíamos. Lazarte no tenía nuestra agenda, se mostraba hostil y dejaba entrar a evangélicos a repartir Biblias. Nosotras respondíamos con panfletos que explicaban derechos sexuales, reproductivos y tipos de familia. Sabíamos que el aborto no era un tema constitucional en sí mismo, pero el objetivo era frenar la frase “vida desde la concepción”.

Nuestra estrategia se llamó “Desde nuestros cuerpos hacia la Asamblea Constituyente”. Fue un gesto político y visual: mostrar cuerpos diversos, disidentes, reales, como parte de la Constitución. Tenía diez puntos claros y gráficos, construidos en encuentros y asambleas feministas. Esa experiencia nos enseñó el valor de las alianzas y se convirtió en antecedente directo del “Pacto por la Despenalización del Aborto”, hoy “Pacto por los Derechos Sexuales y Reproductivos”. Fue un momento de resistencia y de creatividad política, donde llevamos nuestros cuerpos y nuestras voces a un espacio que quería borrarlos.

1.12 Cuando hay feministas en el gobierno, tienes a alguien que hable por ti

En la Asamblea Constituyente, tener feministas en espacios de poder marcó una diferencia. Teresa Morales era una figura clave en ese momento, y Gabriela Montaño, que militaba en la Campaña 28, representaba a Evo Morales. Recuerdo un día en que, delante nuestro, Montaño llamó a Álvaro García Linera y le dijo que renunciaría si se mantenía la cláusula del derecho a la vida desde la concepción. Ese gesto nos estremeció: nos dimos cuenta de que, con feministas dentro del gobierno, al menos había alguien que podía hablar por nosotras en los espacios donde no teníamos entrada.

El trabajo en Sucre fue arduo. Viajábamos desde Santa Cruz, La Paz, Tarija, todas tratando de hacer lobby. Y no lo hacíamos solo con talleres, sino con cócteles improvisados, porque a veces la mejor política se hacía conversando en confianza con asambleístas, asesores o técnicos. Nos aliamos con mujeres indígenas como Justa Cabrera, del pueblo guaraní, porque en ese momento el “sujeto constituyente” era indígena. Entonces nosotras también dijimos: “las mujeres somos sujetas constituyentes, aunque este Estado patriarcal siempre nos haya dejado afuera”.

Fue un momento histórico y desafiante. Nos esforzamos en incluir el quechua, el guaraní, y en hablar de aborto no solo desde lo urbano, sino también desde la mirada indígena, desde la trabajadora, desde la joven y desde las mayores. Aun sin usar la palabra “interseccionalidad”, ya la estábamos practicando. Pero ese camino también abrió tensiones: no todas quisieron acompañar el proceso, y algunas se apartaron de la Campaña.

1.13 Alianzas: Resistencias y uniones, alejamientos y quiebres

La Campaña nunca fue una línea recta. Hubo quienes pensaron que apoyar ese proceso no era legítimo, que era demasiado reformista, demasiado cercano al poder. Otras sentimos que no se trataba de estar a favor del gobierno, sino de aprovechar un momento político que podía abrir puertas.

Lo interesante es que apostamos por incluir la mirada y el liderazgo de las mujeres indígenas, especialmente de Tierras Bajas, que, aunque no eran mayoría, representaban lo plurinacional. Eso nos interpelaba y nos conectaba con nuestras propias historias. Pero esa misma decisión hizo que algunas compañeras no se sintieran representadas y se alejaran.

Los quiebres tenían mucho que ver con clase, con trayectorias personales, con formas distintas de leer la coyuntura. Mientras algunas se retiraban, también llegaron nuevas voces: jóvenes, no binaries, compañeras y compañeros indígenas, incluso algunos hombres que se acercaban para pensar cómo hablar con otros hombres sobre embarazo no deseado y sexualidad. Fue un intento interesante, aunque no logró sostenerse en el tiempo.

Lo cierto es que la Campaña nunca fue homogénea. No éramos solo señoras de clase media, ni solo universitarias, ni solo militantes de izquierda. Éramos todas esas, juntas y en tensión, con la riqueza y también con las fracturas que eso trae.

1.14 Comunista, una palabra tan obsoleta

En medio de todo, surgió otro peso: la deslegitimación política. Lo decía Adriana Guzmán: en Santa Cruz, basta que te llamen marxista para anular tu voz. Ese término se convirtió en un insulto que significaba traidora, corrupta, deshonesta. Algo parecido pasaba con “comunista”, otra palabra usada para estigmatizar.

En los espacios feministas esas etiquetas circulaban también: quién estaba “acá” y quién “allá”. Pero en realidad eran fronteras artificiales, porque al final todas seguíamos estando con la gente, con las luchas, con la agenda. Sin embargo, esas descalificaciones rápidas mataban cualquier debate y atravesaron a la Campaña y a otros espacios sociales.

La polarización fue dura. Cuando trabajabas en derechos sexuales o en aborto, te podían acusar de comunista, feminazi, destructora de la familia. Y lo decían con una naturalidad espantosa, mientras quienes reproducían esas violencias eran, en realidad, los más autoritarios.

Hoy sabemos que esas narrativas no eran solo locales: eran parte de una ofensiva global contra el feminismo y los derechos de las mujeres. Pero en ese momento, nos dolía y nos descolocaba, porque todo ese desprestigio caía sobre nuestras espaldas y sobre nuestra causa.

1.15 Hitos en el escenario global: Asamblea Constituyente, Código Penal

La Asamblea Constituyente fue un verdadero hito para la Campaña 28. Nos movió, nos obligó a producir colectivamente propuestas, textos, argumentos, y a poner el tema en la agenda política. En Santa Cruz nos decían traidoras por hablar de la Constituyente, pero eso no nos detuvo: colgamos telas gigantes en la plaza con frases como “Estado Laico” y “El aborto existe”, tomamos las cuatro esquinas del centro y, cuando vino el Papa, lanzamos globos de helio pidiendo laicidad. Ese fue siempre el sello de la Campaña: la irreverencia y el activismo.

También hubo intentos más formales, como la propuesta de despenalización presentada por el constitucionalista Reynaldo Imaña, adelantada al debate sobre el Código Penal. Nosotras trabajamos sin descanso: hicimos alianzas con las Bartolinas, con las interculturales, armamos talleres y encuentros por todo el país. Pero al final, el Código fue abrogado de un plumazo. Y aunque en su momento dolió, luego pensamos que quizá fue mejor, porque lo que había quedado era apenas la despenalización por ocho semanas, una propuesta cruel que siempre levantaron los grupos antiderechos.

La caída del Código mostró algo doloroso: que para el gobierno el aborto nunca fue un tema estratégico. Lo tiraron abajo por disputas internas entre machos con poder, y con eso no solo perdimos la posibilidad de avanzar en derechos reproductivos, sino también una reforma profunda a la justicia. Como tantas veces, quedamos fuera de la foto final de la negociación.

Después del derrumbe, lo que quedó fue volver a la Sentencia Constitucional 0206, al acompañamiento, y al acceso al Misoprostol que ya circulaba. Así surgieron las redes de promotoras socio-legales y los colectivos de acompañamiento, dentro y fuera de la Campaña. Porque está claro: estas luchas no tienen dueña. Durante veinte años, la Campaña fue la única instancia de sociedad civil con el aborto como agenda central, mientras otras trabajaban en salud sexual y reproductiva. Ese recorrido nos dejó un aprendizaje enorme.

1.16 El horizonte marca el camino. Principales fortalezas de la Campaña

Una de las principales fortalezas de la Campaña es saber hacia dónde va. Tenemos claro que el aborto es un derecho y que debe ser responsabilidad del Estado. Ese horizonte nos sostiene, aunque el camino sea difícil.

Y el mecanismo central para llegar ahí es la incidencia política, aunque nos llamen malcriadas. Nosotras decimos: no estamos negociando favores, estamos hablando de derechos de las mujeres. Y tenemos que sostener esos debates con la cara descubierta, aunque nos cuestionen: “¿Con qué derecho hablan ustedes de esto?”.

El nivel de compromiso de la Campaña también ha sido clave. En Santa Cruz, por ejemplo, fuimos las únicas que interpelamos a la Asamblea Legislativa Departamental cuando aprobaron leyes como la de “Protección a la vida y a la familia”. Redactamos cartas, impulsamos acciones ante la CIDH y el Defensor del Pueblo, presionamos al partido de gobierno. Porque esas leyes no son locales: son experimentos de la derecha fascista para avanzar en todo el país.

La Campaña ha estado siempre ahí, con discursos claros y argumentos sólidos, desmontando las falacias antiderechos. Y esa diversidad interna, cada vez más amplia, también nos da credibilidad y nos sostiene.

1.17 Aborto, el derecho más complejo

De todos los derechos sexuales y reproductivos, el aborto es el más difícil de discutir. Con la diversidad sexual al menos existe la idea de “amor es amor”, pero con el aborto aparecen todos los chantajes emocionales posibles: la vida, la culpa, la maternidad como obligación. Y ahí la derecha juega fuerte.

Por eso necesitamos un tejido social que aún está en construcción, frágil, pero creciendo. Falta que más mujeres digan en voz alta: “mi libertad no se negocia, no voy a seguir cargando con esto”. En audiencias y debates hemos visto que, gracias al trabajo de la Campaña, ya hay mujeres que no se dejan chantajear. Pero son todavía pocas voces frente al ruido conservador.

En ese contexto, las estrategias creativas han sido clave. Cuando la Asamblea Departamental intentó aprobar la ley de “Protección de la vida y la familia”, nos movilizamos con las diversidades sexuales, precintamos la entrada con cintas que decían: “peligro para las niñas, peligro para las mujeres”. Les dejamos la ley impresa en gigantografía en el piso, firmada, como un recordatorio de nuestra resistencia.

También supimos reinventarnos. Porque no podemos marchar todos los años repitiendo lo mismo. Así nació el festival Bulliciosas, con mujeres reggaetoneras moviendo el cuerpo, gritando salud pública, justicia social, democracia. Una forma nueva de decir lo de siempre: el aborto es un derecho y lo vamos a seguir defendiendo.

La Campaña nunca se limitó a los plantones. En tiempos electorales usamos camionetas, altoparlantes y panfletos con estética de partido político, pero hablando del aborto. Hicimos procesiones simbólicas hacia los hospitales con gigantografías de la Sentencia Constitucional 0206. Y seguimos inventando formas, porque sabemos que sin creatividad la lucha se desgasta.

1.18 Retos y oportunidades: Meter el feminismo en las universidades

La Campaña ha entendido que uno de los desafíos más urgentes es llegar a juventud y meter el feminismo y el derecho al aborto en la universidad. Hoy las jóvenes son quienes sostienen y movilizan las causas. Recuerdo un encuentro en que les dije: “jóvenes, vengan a marchar con nosotras. a las niñas las embarazan, a las mujeres nos violan, ustedes siempre están pidiendo: vengan a la marcha con nosotras”. Y la juventud lo hizo con valentía.

Hoy vemos a muchachas que antes no hubieran levantado la voz pararse firmes frente a autoridades. Una mujer chiquitana, por ejemplo, que hace cinco años estaba en silencio, hoy exige que la escuchen hasta que la atiendan. Eso es un cambio real. Mientras las organizaciones campesinas e indígenas están fragmentadas, las organizaciones de mujeres en el oriente se han fortalecido. Se cansaron de callar y ahora son respondonas y aguerridas.

Pero también tenemos un reto interno: cómo articular los distintos feminismos sin caer en la fragmentación. Todas coincidimos en que la despenalización del aborto es crucial, pero surgen voces que descalifican, que compiten, que marcan divisiones. A veces aparecen nuevas colectivas que, en nombre de la autonomía, terminan generando acciones aisladas o poco estratégicas. Y nos preguntamos: ¿cómo construir un sujeto colectivo que deje de ser solo una masa crítica y se convierta en movimiento amplio, popular, de barrios, universidades y comunidades? Esa es una tarea pendiente, porque las miserias internas, las disputas por legitimidad, muchas veces nos impiden avanzar en el tema central: el derecho al aborto.

1.19 Centralismo en el centro, más que una redundancia

Otro desafío estructural es el centralismo, que atraviesa todas las luchas en Bolivia. Ese patrón colonial y autoritario hace creer que las decisiones deben tomarse desde el centro, desde los “sabios” que marcan el camino. Y cuando reclamamos contra ese centralismo, parece que nos alineáramos con los discursos racistas del Comité Cívico. Pero la verdad es que ese centralismo genera dependencia, inmovilidad y jerarquías que sofocan los movimientos regionales.

En Santa Cruz, pese a ese peso, ha crecido un movimiento feminista rico y diverso, lleno de expresiones más allá de la Campaña. Pero todavía cargamos con tensiones: la idea de que las feministas que trabajan en ONG no son “legítimas”, mientras que otras se proclaman autónomas como si eso fuera exclusivo. La autonomía, decimos nosotras, no se mide por dónde trabajas, sino por el compromiso con la lucha.

Al final lo que funciona para todas son acuerdos prácticos: en las marchas, por ejemplo, las compañeras de las ONGs pueden participar, pero sin carteles institucionales. Porque el espacio es plural y diverso, y así debe ser.

1.20 Luchar como pretexto para articularse

El gran reto no es solo jurídico, sino político. Lo jurídico siempre será una expresión de lo político. Hay jóvenes que creen que luchar por una ley es un fin en sí mismo, cuando en realidad la ley es un pretexto: un motivo para articular, para movilizar, para discutir, para construir colectivamente.

La apuesta verdadera es política y social: ¿qué significa legalizar o despenalizar? ¿qué implicancias políticas, filosóficas y éticas trae? Además, sabemos que ningún logro es definitivo. Las normas sobre aborto siempre serán frágiles mientras existan el patriarcado, el capitalismo y el racismo. Lo vemos en Estados Unidos donde conquistas de décadas se desmoronan.

Por eso, el debate no es solo sobre qué normas queremos, sino sobre quiénes participan en ese debate, qué voces se reconocen como válidas. No se trata de si trabajas en una ONG o si sos costurera, todas las experiencias cuentan. Lo que necesitamos es dejar de lado las mezquindades y fortalecer un movimiento que se sostenga en la diversidad y en la convicción compartida de que el aborto es un derecho.

1.21 El riesgo es que las nuevas generaciones tengan que volver a empezar desde cero

Fortalecer el trabajo colectivo alrededor del aborto es una necesidad urgente. Eso implica asumir una gran responsabilidad personal y política, sobre todo para quienes llevamos más años en esta lucha. Porque si no construimos de manera horizontal, si no compartimos la experiencia y no somos generosas para sentarse dialogar, existe el riesgo de que las nuevas generaciones tengan que comenzar desde cero.

Este retroceso sería doloroso: perder la acumulación de saberes, de estrategias, de memoria. El cómo borrar la huella de todo lo hecho. Y aunque inevitablemente las jóvenes tendrán que tomar la posta, necesitamos una transición, un proceso de interacción que asegure continuidad.

Lo vimos de manera contradictoria cuando surgió la Marea Verde en Argentina. Nos llenamos de alegría al ver el movimiento crecer en el mundo, yo misma llevo mi pañuelo verde en mi mochila. Pero también vimos compañeras que jamás se habían movilizado en Bolivia, pararse frente a consulados argentinos pidiendo aborto para Argentina, y ahí una pensaba: . “¿y aquí, en nuestra propia tierra?”. Esa tensión muestra cómo pesan los símbolos, los colores, la alegría colectiva, y la visibilidad en los medios. También refleja lo difícil que es sostener la lucha en escenarios distintos, muchas veces más hostiles y fragmentados.

1.22 El Pacto sigue vivo, pero hay muchas deslealtades adentro

El Pacto por los Derechos Sexuales y Reproductivos nació desde la Campaña 28 de Septiembre. Todo empezó cuando vimos que varias instituciones -el Colectivo Rebeldía, Ipas y otras- preparaban propuestas distintas para el Código Penal. Negociamos juntas, y con Mónica Bayá a la cabeza dijimos: “o vamos con una sola propuesta, o la que se salga será señalada”. Esa fue la chispa que dio origen al Pacto: la necesidad de hablar con una sola voz ante el poder.

Durante un tiempo fue una experiencia virtuosa. Había quienes podían hacer lobby, invitar a cenar a los asambleístas, tener recursos que nosotras no teníamos. Nosotras aportábamos desde la calle, la movilización y construcción colectiva. Así logramos incidir en el debate sobre el Código Penal.

Pero con los años llegaron las tensiones. Hoy el Pacto sigue existiendo, pero debilitado por deslealtades internas. Algunas instituciones se salen sin avisar, hacen cosas por fuera, buscan protagonismo. La agenda ya no es clara. Ahora parece girar en torno a quién se lleva a la senadora Virginia Velasco a su cancha, como si de eso dependiera todo. Y lo cierto es que ella no tiene el peso político ni los respaldos necesarios para lograr una Ley de Derechos Sexuales y Reproductivos. Nosotras se lo dijimos en su cara: “hablamos desde la sociedad civil, no somos técnicas de su oficina”.

El problema es que el escenario político se fragmentó. Antes se podía hablar con el oficialismo como un bloque, ahora cada sector tiene su propia agenda y rivalidades internas. Y ahí el Pacto se enreda. A veces vamos a las reuniones para “mandar todo al carajo” y otras porque sabemos que las alianzas, aunque difíciles, son necesarias.

La composición del Pacto sigue siendo valiosa: instituciones sólidas, con trayectoria. Pero no siempre las voces feministas pesan como deberían. Para las jóvenes, las reuniones son un martirio: se habla en un idioma institucional, lleno de tecnicismos. Sin embargo, hubo momentos importantes, como cuando construimos un mapeo de actores antiderechos. No fue un estudio para publicar, sino para entender quiénes son, cómo operan, cómo nombrarlos. Esa herramienta sigue siendo útil, pero necesita actualizarse permanentemente.

Hoy sentimos que seguir apostando todas las fichas a la senadora es un error. Nosotras decimos que hay que abrir otros caminos, no quedar atrapadas en la quimera de una ley que nunca avanza. Pero muchas ONG insisten porque ya comprometieron recursos, porque tienen que mostrar actividades en sus POA: reuniones, diagnósticos, informes. Eso termina siendo un vicio institucional que obstaculiza la estrategia.

El Pacto, en su mejor momento, fue una apuesta virtuosa. Hoy es un deseo que se sostiene con dificultad. Y aun así, creemos que no hay que destruir lo que una misma ayudó a construir. Las alianzas son complejas, pero necesarias, aunque a veces, cansen, aunque duelan.