JOURNAL OF COMMUNITY SYSTEMS FOR HEALTH
2026, VOL.3
https://doi.org/10.36368/jcsh.v3i2.1341
CONVERSACIONES CON
We are a FAIR open access journal

Historias de activismo al Sur del Ecuador

Maria Isabel Cordero1*

1: Sendas, Ecuador

*Corresponding author: mi.cordero@sendas.org.ec

Recibido 26 enero 2026; Aceptado 18 febrero 2026; Publicado 8 marzo 2026


Entrar a Sendas es como trasladarse en el tiempo. Se siente los aires de los noventa cuando la efervescencia de los feminismos se anclaba en las organizaciones no gubernamentales. Estar allí es como estar en las oficinas de Católicas por el Derecho a Decidir en La Paz. Folletos y libros inundan la sala de reuniones. Mientras María Isabel narra la historia de Sendas imagino ese lugar lleno de gente joven. Es sábado y solo estamos las dos. Al verla siento familiaridad, compartimos ese lugar generacional que nos ubica en medio, entre los feminismos jóvenes y los de nuestras mayores. Su mirada es penetrante y vívida. Su gestualidad y tono pausados. Prendemos la grabadora y la palabra fluye. Su forma de narrar evoca imágenes. Mis fotografías mentales me llevan por la universidad e imagino la cátedra de salud sexual y reproductiva en ese lugar tan tradicional de Cuenca. Veo a las jóvenes disputando los espacios en el puente que lleva escritos los nombres de todas las mujeres víctimas de femicidio en Ecuador, aquel que ya es nuestro, aunque sea extranjera en esa ciudad. Casi no me doy cuenta del tiempo transcurrido.

Al cabo de un tiempo le contacto por WhatsApp para enviarle la narrativa, tarda en enviarmela de vuelta. Le preocupa el asunto de arrebatar protagonismos y ser justa con quienes han participado de este proceso. Ella edita la narrativa y nos envía aquella con la que se siente cómoda y a gusto. Su anhelo es que el movimiento feminista logre unirse tras las tensiones que surgieron en torno al aborto. Pide ser identificada en su narrativa.

1 SENDAS: CONVICCION, RECURSOS Y RESISTENCIAS

Sendas nació hace 33 años, el 5 de marzo con una convicción clara: trabajar desde los derechos humanos, el feminismo y el desarrollo sostenible. Desde el inicio apostamos por transformaciones estructurales, reconociendo todas las diversidades y necesidades, especialmente en mujeres, niñas y adolescentes.

Nuestros cuatro enfoques de trabajo - género, ambiente, participación e interculturalidad- han sido la brújula que nos guía. Con ellos hemos buscado igualdad, justicia y dignidad, dirigiendo nuestra labor hacia jóvenes, mujeres campesinas, indígenas y población LGBTI, siempre con la mirada de género en primer plano.

La fuerza de Sendas ha estado en su versatilidad. No nos limitamos a un solo tema: desde hace tres décadas hablamos de cambio climático con mujeres campesinas que, tras la migración, quedaron como jefas de hogar y supieron sostener la producción agrícola en condiciones ambientales adversas. También unimos agua y saneamiento con la salud sexual y reproductiva, o trabajamos la autonomía económica de las mujeres como vía para enfrentar las violencias. Esa capacidad de tejer cruces temáticos poco tradicionales es, sin duda, lo que nos ha permitido mantenernos firmes a lo largo del tiempo.

Mi vínculo con Sendas comenzó a través de la Red Cántaro, una red de ONGs que abordaban participación ciudadana, ambiente y desarrollo. Yo era comunicadora y asistente de la revista Cántaro, una publicación que trataba contenidos de avanzada y llegaba a sociólogos, politólogos y otros profesionales del desarrollo. Cuando la revista y la red pasaron a otra organización, yo me quedé en Sendas. Me incorporé al trabajo en salud sexual y reproductiva con jóvenes, enfocada en prevención de VIH y de embarazo adolescente. Ese fue el inicio de un camino que ya lleva 25 años y que hoy me encuentra como directora ejecutiva de la organización.

2 Introduciendo el tema del aborto en diálogo con otras organizaciones nacionales

Sendas se acercó al tema del aborto alrededor de 2005-2006, cuando nació en Quito la Línea Salud Mujer. Hasta entonces, nuestra agenda en salud sexual y reproductiva se centraba en la prevención de VIH, de embarazos no deseados y de muertes maternas, además del trabajo con los “comités de usuarias” de la ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia (LMGYAI). También realizábamos investigaciones con la Universidad de Cuenca sobre mortalidad materna, cesáreas innecesarias y violencia obstétrica.

Hablar de aborto era entonces difícil: incómodo, ilegal, clandestino. Lo esquivábamos, y nos limitábamos a hablar de prevención. Pero con la Línea Salud Mujer iniciamos diálogos políticos con compañeras de otras organizaciones sobre las consecuencias del aborto clandestino en la vida de las mujeres. Nos preguntábamos cómo sostener un acompañamiento en ciudades y territorios sin redes de apoyo, quién atendería esas demandas, qué recursos necesitarían.

Las compañeras que atendían la línea ya utilizaban el misoprostol como parte del protocolo, en una época en que acceder a él era menos complejo. Desde mi lugar, apoyaba con talleres, encuentros juveniles y espacios de diálogos, pero también con acompañamiento feminista a mujeres que decidían abortar, en una ciudad donde nadie más lo hacía. La línea pronto se transformó en Las Comadres, y hoy ya suma 10 años de acompañamiento a mujeres.

3 ESTRATEGIAS

4 Estrategias políticas locales: redes, ordenanzas y sensibilización a prestadores de salud

En 2012 empezamos a recibir apoyo de Planned Parenthood Global (PP Global), no directamente para trabajar en aborto, sino para incidir en políticas públicas sobre derechos sexuales y derechos reproductivos en el ámbito local. A partir de ese impulso nació la Red Sex en Cuenca, integrada por instituciones públicas y organizaciones sociales. Esta red, respaldada por una ordenanza cantonal, logró asegurar un presupuesto fijo: el 2% del 10% destinado a inversión social. Con esos recursos se implementaron programas en tres ejes: prevención del embarazo adolescente, prevención de la violencia basada en género y prevención del VIH con población LGBTI.

La experiencia fue tan sólida que pronto se replicó en otros seis cantones del país, siempre con apoyo de PP Global. A través de estas ordenanzas locales se empezó también a abordar, de manera indirecta, el tema del aborto por causal salud y la prevención del aborto clandestino.

En Cuenca logramos un paso estratégico dentro de una ordenanza provincial sobre derechos LGBTI: que el Gobierno Provincial asumiera el compromiso de mantenerse vigilante hasta que el aborto por violación fuera despenalizado. Fue un acápite que supimos guardar como herramienta política y que demostró el potencial del trabajo local, así como el compromiso político de quien en ese entonces era Viceprefecta del Azuay.

Con el tiempo entendimos que a nivel territorial se pueden dar grandes avances en despenalización social y en sensibilización de prestadores de servicios. Realizamos un mapeo de profesionales que pudieran apoyar en emergencias, aunque el camino fue duro. En Cuenca derivar un caso de aborto era -y sigue siendo- prácticamente imposible: he tenido que enviar mujeres hasta Guayaquil porque aquí nadie quería atenderlas. Contamos con dos médicos aliados, pero incluso uno de ellos, entrenado en AMEU (aspiración manual endouterina), nos confesó en un momento crítico: “no, yo no puedo”. Solo en situaciones de emergencia obstétrica los colegas asumían el caso, y lo hacían sin preguntas.

Este ha sido uno de los mayores retos de trabajar fuera de la capital. Aquí la lucha se mueve en otra lógica: no podemos estar en la Asamblea Nacional todos los días, ni en las mesas técnicas nacionales. Nuestro trabajo es local, cercano a decisores y servidores públicos del territorio, abriendo puertas poco a poco, muchas veces locales “disfrazado el tema” para que pueda ser escuchado.

5 Sendas asumió un rol de investigación

Desde el inicio Sendas ha tenido clara una cosa: nuestra forma de incidir políticamente es generar evidencia. Sabemos que la investigación puede abrir espacios de debate y facilitar la despenalización social del aborto.

En 2013 realizamos una investigación nacional para conocer la opinión de la gente sobre el aborto. Los resultados mostraron que el 65% estaba de acuerdo con la despenalización en caso de violación. Con ello nació la campaña “Yo soy 65”. A partir de entonces empezamos a trabajar con datos y ciencia, combinando comunicación estratégica en alianza con otras organizaciones, especialmente de jóvenes.

En esos años (2012 – 2014) se conformó el Frente Nacional por los Derechos sexuales y Reproductivos, donde cada organización asumió un rol. Nosotras aportamos con evidencia científica; Fundación Desafío explicó desde lo médico por qué el aborto con medicamentos es un proceso seguro, sencillo y de bajo costo; y Surkuna lo abordó desde el frente legal, para reducir la criminalización hacia las mujeres. Fue un verdadero trabajo de alianzas, porque nada se logra en solitario.

En 2015 participamos en el estudio de costos de omisión en salud sexual y reproductiva, junto al Ministerio de Salud, PP Global, UNFPA Ecuador y la UNAM de México. Esa investigación, disponible en la página web de Sendas, fue clave para incidir en la elaboración de las Guías de atención de aborto por causal salud, que se aprobaron durante la gestión de la ministra Carina Vance. El proceso nos tomó cinco años de trabajo paciente y sostenido.

El reto fue enorme: la investigación se sustentaba en fichas médicas, pero en los hospitales muchas veces los registros estaban maquillados. Un aborto se registraba como hemorragia o infección urinaria, lo que obligó al equipo de la UNAM a cambiar de fuentes y rearmar la metodología. Aun así, se lograron resultados contundentes: por cada dólar invertido en prevención, el Estado se ahorra 17 en atención. Atender un aborto con misoprostol cuesta 23 dólares, mientras que un legrado asciende a 230 dólares.

Estos datos nos permitieron poner en cifras lo que siempre supimos: que la vida de una mujer no debería estar en riesgo por un aborto inseguro, y que prevenir cuesta mucho menos que reparar. Gracias a esa evidencia logramos abrir espacios de incidencia política y sostener argumentos frente a quienes se negaban a ver el problema.

6 Articulación con otras organizaciones

Sendas también fue parte de la Red Nacional de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos, junto con la Pájara Pinta y otras instituciones. Desde allí fuimos punto focal en Azuay para el proyecto Ecuador Adolescente y luego participamos en espacios como la “Red de jóvenes por la Asamblea”. Esa participación fortaleció nuestro trabajo con juventudes y nos permitió profundizar aún más en la salud sexual y reproductiva.

En el 2014 nos integramos al Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (CLACAI) y empezamos a capitalizar lo que ya veníamos construyendo: experiencia en acompañamiento, incidencia política y formación. No era un camino nuevo; desde que Sendas se creó nos vinculamos a la Red de Salud de Mujeres de América Latina y el Caribe (RMSLAC), y en el 2006 habíamos participado en la red global de derechos sexuales y reproductivos en Nicaragua, donde conocimos a “Women on Waves”. Ellas nos entrenaron en el uso del protocolo con misoprostol y nos mostraron estrategias. Su propuesta era insólita pero efectiva: barcos en aguas internacionales para que las mujeres puedan acceder a un aborto seguro con medicamentos o con intervención quirúrgica. Yo pensé: “wow, esa es la solución”.

Aquel regreso de Nicaragua estuvo marcado por una anécdota que siempre recuerdo. Venía cargada de materiales: publicaciones de Católicas por el Derecho a Decidir en México sobre espiritualidad, información de “Women on Waves” sobre aborto, efectos psicológicos. En el aeropuerto me detuvieron la maleta. Me preguntaron qué hacía con tanta información y respondí: “la información no es delito”. Me confiscaron los panfletos, pero no se dieron cuenta de que llevaba varias cajas de misoprostol. Cuando preguntaron qué era, inventé: “es para una enfermedad crónica, unas úlceras”. La paradoja era evidente: lo que para ellos era riesgoso eran los papeles, no el medicamento.

7 Fuimos aprendiendo en la marcha, nadie nos enseñó

El intercambio con organizaciones de otros países (Colombia, México, Argentina) fue clave. Recuerdo al regresar de Nicaragua, las chicas de la Línea me dijeron: “Chabela ¿podemos poner tu número en un boletín para que en Cuenca la gente te llame?” Y yo respondí: “Claro, no pasa nada”.

El boletín salió y de pronto empecé a recibir miles de llamadas: amenazas, insultos, todo tipo de violencia. Llevábamos un registro manual de los números porque no existían identificadores. Hoy reímos, pero en ese momento fue durísimo. De esa experiencia aprendimos a cuidarnos más.

Sin embargo, no todo fueron amenazas. También empezaron a llamar mujeres pidiendo ayuda. Entonces dimos el paso: desde Sendas ofrecimos información y acompañamiento, con apoyo de una ONG holandesa que financiaba parte del proyecto. Paralelamente, con las compañeras de la Línea Salud Mujeres recibíamos recursos mínimos para talleres y capacitaciones, además de protocolos y guías.

El acompañamiento se hacía por teléfono o en persona: explicábamos el uso de medicamento, qué hacer antes y después, y cómo actuar en caso de complicaciones. Lo que hoy se llama acompañamiento feminista, en ese tiempo nosotras lo íbamos inventando con preguntas que nos retumbaban: ¿qué pasa si viene una mujer varias veces al año?, ¿qué hacer si llega en pareja? ¿qué pasa si un hombre pide la información? ¿cómo asegurarnos de que la decisión es de la mujer? ¿cómo actuar en casos de discapacidad o violación?

La experiencia previa de Sendas en violencia de género nos dio herramientas: primeros auxilios psicológicos, contención emocional, capacidad de escuchar. Porque muchas veces el aborto estaba rodeado de violencia o se vivía desde un estado de shock. Fue un proceso intenso, poderoso, pero también desgastante. Ahí descubrimos que el autocuidado es indispensable también en el acompañamiento de aborto. Creamos espacios institucionales para compartir lo vivido, descargar, llorar y también cerrar. Eso nos permitió seguir adelante.

Cuando “Las Comadres” asumieron oficialmente el acompañamiento, Sendas dejó de hacerlo directamente, pero la realidad es que seguimos siendo referente. Muchas mujeres llegan a nuestra oficina o nos llaman cuando no logran contactarlas. Derivamos lo casos, pero no negamos el apoyo. Cada vez es más difícil por las restricciones para acceder al misoprostol, pero la red de acompañamiento feminista sigue sosteniéndose.

8 Cátedra de salud sexual y reproductiva

En 2014 empezamos a incidir en el debate del Código Orgánico de la Salud. A nivel nacional tejimos alianzas con el Colegio de Médicos de Cuenca y la Universidad de Cuenca, con la intención de frenar retrocesos en derechos sexuales y reproductivos. De ese esfuerzo nació, entre 2011 y 2012, la Cátedra de Salud Sexual y Reproductiva en la Facultad de Medicina de la universidad.

Para nosotras fue una estrategia política tanto como académica: formar a médicos desde una mirada de derechos. Intentamos que esta experiencia se replique en otras universidades, pero nunca llegó a institucionalizarse. Era una cátedra optativa, y hace un par de años la SENESCYT la cerró, argumentando falta de recursos. Una carta nos lo notificó después de diez años, más de 800 estudiantes y un convenio entre Ministerio de Salud, Universidad, Sendas y el Cabildo de Mujeres.

El esfuerzo fue enorme. Cada sábado nosotras dábamos clases sin recibir un centavo, mientras el decano —un médico aliado— y otras organizaciones completaban los módulos. Sendas asumía los contenidos de normativa en atención a salud sexual y reproductiva, con énfasis en la causal salud para el aborto legal. El Cabildo trabajaba prevención de violencia de género; otras organizaciones, temas de población LGBTI. En promedio, 80 futuros médicos al año pasaban por esta experiencia.

La cátedra abrió también un frente de investigación y de observación social. Los estudiantes reportaban, desde sus prácticas, si se cumplían las normas: acceso a anticonceptivos, entrega de la PAE, atención a adolescentes, aplicación de la causal salud. Esa información, que nosotras nunca hubiéramos podido levantar solas, nos permitió incidir ante autoridades locales y exigir cumplimiento. Fue, al mismo tiempo, un ejercicio pedagógico, político y de control ciudadano.

9 Incidencia en la Corte Constitucional

En el terreno legal, lo más decisivo fue aprender a usar la figura del amicus curiae y a articular experiencias previas. Antes de llegar al debate sobre aborto por violación, Ecuador ya había vivido dos precedentes claves: el matrimonio civil igualitario y el caso Satya sobre familia homoparental. Ambos procesos marcaron un camino y, desde Sendas, estuvimos presentes también en esas luchas, gracias al proyecto regional “Adelante con la diversidad”, que trabajamos junto a Pakta en Quito.

De esas experiencias aprendimos que la Corte Constitucional, aunque no siempre se la reconociera, podía actuar como legislador. La interpelación de compañeras de otros países fue crucial: nos recordaron que Ecuador había ratificado tratados internacionales y que teníamos derecho a exigir su cumplimiento. Así, organizaciones como Surkuna o CEPAM-Guayaquil fortalecieron el eje legal, y al mismo tiempo llegó la ola feminista desde Argentina, que expandió la disputa al espacio público.

Para Sendas, trabajar desde Cuenca y no desde Quito significó siempre llegar más tarde a las decisiones, pero también aportar con insumos técnicos y legales que otras organizaciones podían usar. Ver nuestras investigaciones, amicus y argumentos circulando fue una confirmación de que el esfuerzo valía la pena, aunque quedaba la frustración de no estar en la mesa de decisiones.

El resultado es agridulce. Logramos la despenalización del aborto por violación, pero el proceso se torció: la Asamblea aprobó una ley que luego el presidente Lasso mutiló, vetando 41 de 48 artículos. Hoy la implementación es frágil: avanza a golpe de sentencias de inconstitucionalidad, con más obstáculos y criminalización de por medio. El logro está, pero su permanencia depende de la correlación de fuerzas en la próxima Corte Constitucional. La pregunta que queda en el aire es qué pasará cuando cambie su integración, y quiénes serán los candidatos que definirán el futuro inmediato de este derecho.

10 Movilización social

La movilización social cobró fuerza después del duro revés político que vivimos con el gobierno de Correa en 2013 y 2014. Recuerdo especialmente el 2013, cuando la asambleísta Paola Pabón – nuestra principal aliada en ese momento- fue sancionada tras presentar la propuesta de causal violación. Para nosotras fue un golpe fuerte, porque en la estrategia de incidencia, siempre es vital contar con aliadas dentro de los espacios de decisión; ellas son las que logran llevar las demandas hasta el plano legislativo. Pero esta vez no funcionó. Ese fracaso nos obligó a mirar de nuevo hacia lo local y a concentrar la energía en el territorio y en el acompañamiento.

En Cuenca, el primer 28 de septiembre (28S) se gestó gracias a un proceso que teníamos en 2017 llamado “Líderes en crecimiento”, escuelas de formación para jóvenes. De ahí nació la colectiva llamada Femininjas, conformado por 12 muchachas con una claridad y convicción admirables. El ejercicio final de esa escuela era organizar un acto de activismo público, y ellas decidieron hacerlo en torno al derecho al aborto. Así, siendo apenas 20 gatas en el Parque Calderón, realizamos el primer 28S en Cuenca.

No era común en esta ciudad salir a las calles con este tema. Aquí se conmemoraba el 8 de marzo, el 25 de noviembre, y a veces, el 28 de mayo, Día de la Salud Sexual y Reproductiva. Pero del 28S, nada. Lo nuestro fue un quiebre: pequeño número, enorme significado.

Mientras en Quito ya había más activismo y debates en la Asamblea, en Cuenca estábamos sembrando una semilla. Hoy esa semilla creció: la presencia pública ha aumentado, los grupos se han fortalecido y la despenalización social es parte de nuestro trabajo cotidiano. Creamos mensajes, compartimos información, conversamos con la gente y estamos en los medios todo el tiempo, posicionando el tema y rompiendo silencios.

11 OBSTÁCULOS DEL ACTIVISMO EN ABORTO

12 Criminalización y antiderechos

En Sendas no todas estuvimos de acuerdo, al inicio, con dar acompañamiento en casos de aborto. Fue una discusión larga en asamblea. Algunas compañeras estaban más enfocadas en lo ambiental o en derechos humanos y nos decían: “¿y si te denuncian?, ¿y si terminas presa?”. Ese miedo estaba siempre presente, sobre todo después del fracaso en la Constituyente, cuando sentimos que las puertas institucionales se cerraban y que el escenario se volvería aún más hostil para los derechos sexuales y reproductivos.

La persecución y la criminalización nunca fueron abstractas; las vivimos en carne propia. Recibimos llamadas de amenaza y, a partir de entonces, nos vimos obligadas a crear protocolos de seguridad: quién entraba, qué preguntábamos, no dejar bolsos adentro, cuidar que nadie grabara o tomara fotos. Porque sabíamos que había gente infiltrándose.

Y era cierto: en más de una ocasión vinieron personas mintiendo. Nosotras mismas también hicimos ejercicios de infiltración para entender cómo operaban las clínicas que ofrecían “alternativas”. Recuerdo que una compañera joven se hizo pasar por una mujer embarazada y en la ecografía le mostraron un feto de 16 semanas que no existía. Le decían: “Mira, ahí está tu guagua, no abortes, danos el bebé cuando nazca”. Todo era un montaje. Ella salió llorando. Fue brutal comprobar cómo manipulaban y violentaban emocionalmente a las mujeres.

En paralelo empezamos a mirar de frente a los grupos antiderechos. En Cuenca crecieron campañas como “Con mis hijos no te metas”, la “Marcha blanca” y el “Día del no nacido”. Supimos que una de las primeras marchas fue liderada por una mujer que luego llegó a ser concejala y más tarde asesora directa del alcalde. Eso nos obligó a mapear actores y discursos, a reconocerlos como un poder político organizado, con capacidad de incidencia. Asistimos a sus eventos para observar y entender sus narrativas. Y al mismo tiempo reforzamos nuestra propia estrategia: presencia constante en medios, plan de comunicación sostenido, disputa del relato público. Esa fue una de nuestras apuestas locales.

13 Despenalización por violación: otro rollo enorme

Cuando llegó el debate sobre la despenalización por violación, todo se volvió más complejo. Como organización local observamos con tristeza la fragmentación del movimiento feminista en el país. Y lo más doloroso: esa división empezó a replicarse también en Cuenca. El feminismo, aprendimos, no nos salva de las ambiciones, los egos o las ganas de protagonismo.

En el “Frente Nacional por los Derechos Sexuales y Reproductivos” discutimos el tema, trabajamos un Informe Sombra para el Examen Periódico Universal y Naciones Unidas recomendó al Ecuador avanzar hacia la despenalización total, mejorar la atención en salud y reducir las muertes maternas. Sobre el papel todo parecía abrir camino, pero en la práctica la pelea por la causal violación terminó rompiendo puentes. Intentamos varias veces mediar, convocar a acuerdos, pero los compromisos se firmaban y luego se desconocían. Al final, se crearon bandos, y cada uno empezó a caminar por su lado.

14 Desencuentros dentro del movimiento feminista: “no puedes hacer de menos otras estrategias”

Ese fue, para mí, el mayor nudo crítico: la incapacidad de sostener un espacio común donde colocar intereses, necesidades y reconocimientos. En Sendas siempre apoyamos la despenalización total, sin escalas. Pero la estrategia de ir causal por causal dividió aguas. La falta de articulación hacía que todo esfuerzo se dispersara, como lanzar granos de arena contra una muralla.

En Cuenca llegamos incluso a discusiones muy duras. Recuerdo el caso del Puente Vivas Nos Queremos, en las fiestas de la ciudad. El CIDAP propuso una instalación artística en ese espacio conmemorativo. Nosotras dialogamos, buscamos consensos: altar, participación de artesanas, tonos de memoria y respeto. Pero un grupo se opuso tajantemente. Al final, no se hizo nada. Y, paradójicamente, lo que ocupó el puente fueron banderas comerciales y la publicidad de una cervecería. La confrontación se trasladó hacia nosotras: nos acusaron de “feministas institucionalizadas”, de estar “vendidas” por dialogar con autoridades. Yo me preguntaba: ¿acaso no hemos avanzado precisamente gracias a esa estrategia de incidencia política? ¿No es eso lo que nos ha permitido abrir puertas y ganar en igualdad formal, aunque falte lo sustancial?

Algunas jóvenes planteaban que la única forma legítima era la toma radical y violenta del espacio público. Y nosotras respondíamos: “Háganlo, si esa es su estrategia. Pero no se puede deslegitimar lo que también ha dado resultados”.

Mientras Surkuna o Desafío sostenían el frente legal ante la Corte, nosotras pensábamos en alianzas, en amicus, en escribir cartas, en planes de medios. Y desde ciertos sectores se nos descalificaba como parte del sistema patriarcal. Esas rupturas duelen, y se agravan cuando se cruzan discusiones sobre quiénes son reconocidas como mujeres o qué cuerpos pueden representar al feminismo. En Quito, algunas organizaciones de mujeres llegaron a sostener que solo las mujeres cis, las que menstrúan o paren, son “las verdaderas”. Hemos visto cómo ese tipo de radicalizaciones vacían el contenido político y generan exclusiones absurdas.

Yo pienso: lo que falta es más debate serio, más lectura, más análisis. Porque todos los feminismos pueden tener validez si buscan lo mismo: ampliar derechos y libertades. Lo que no podemos permitir es que las diferencias internas nos resten fuerza frente a un Estado y a unos grupos antiderechos que sí saben articularse y avanzar unidos.

15 Los antiderechos están atacando por muchos lados

Los grupos antiderechos cuentan con recursos, poder, alianzas y contactos que les permiten estar presentes en los espacios de toma de decisión. Ese privilegio no lo tenemos desde la sociedad civil. Ellos tienen dinero en abundancia y lo invierten en una estrategia política clara: lanzar ataques en múltiples frentes, confiando en que no podamos defender todos a la vez.

En este gobierno se han fortalecido aún más. El presidente Noboa todavía procura cuidar su popularidad en este primer tramo, pero aun así impuso un paquetazo en pleno Carnaval, escondido entre festejos y celebraciones. Ese gesto fue apenas la punta del iceberg de una agenda antiderechos mucho más amplia.

Un ejemplo es la propuesta en el COIP de sustituir la figura de femicidio por la de feminicidio. La pregunta que surge es inevitable: ¿cómo se encarcela al Estado? Con ese simple cambio se vacía de sentido toda la construcción conceptual detrás del femicidio y de su penalización.

Otro caso es el intento de volver a penalizar la transmisión intencional de ITS, incluido el VIH. Ese debate ya se había cerrado hace más de veinte años. ¿Cómo se comprueba la intencionalidad en una transmisión? Con una lógica así, la mitad de las mujeres del país tendríamos que denunciar a nuestros esposos por habernos contagiado el virus del papiloma humano.

También se reabrirá la discusión del Código Orgánico de la Salud. Allí, el riesgo es el control del acceso a anticonceptivos para adolescentes. Aunque logramos que la mifepristona se incluyera en el cuadro básico de medicamentos, el Estado nunca la compró. Por eso sigue siendo imposible aplicar la causal salud o el aborto por violación de forma adecuada: el protocolo requiere mifepristona más misoprostol. Esta es una de las tantas estrategias silenciosas con las que buscan frenar derechos.

El feminismo, mientras tanto, ha crecido y se ha hecho más visible. Justamente por eso, los grupos antiderechos también se han fortalecido: entendieron que el movimiento estaba cobrando fuerza y decidieron reforzar sus ataques. Hoy, el antagonismo central es claro: feminismo frente a antiderechos.

En este contexto también vivimos el riesgo de la infiltración. En nuestros procesos formativos, revisamos cuidadosamente quiénes entran, pero a veces se nos escapa alguien. Y entonces, en medio de una sesión, son las propias compañeras quienes se levantan y preguntan: “Si no crees en lo que estamos discutiendo, si no compartes este camino, ¿qué haces aquí?” Esa claridad colectiva es también parte de la fuerza que nos sostiene.

16 Academia: entre una posibilidad de cambio y obstáculo

La relación con la academia siempre ha sido ambivalente. Por un lado, se presenta como un espacio de pensamiento crítico y de legitimación del discurso feminista; por otro, muchas veces reproduce las mismas prácticas de poder que dice cuestionar.

En Cuenca, por ejemplo, contamos con una licenciatura en género que no existe en ninguna otra ciudad del país ni de Latinoamérica, salvo Costa Rica. Podría ser un referente, un semillero de nuevas perspectivas, pero la realidad es distinta: la universidad que la alberga sostiene prácticas totalmente anti-género. Se apropia del discurso hacia afuera, pero hacia adentro no hace nada. No hay políticas claras para prevenir el acoso ni la violencia sexual, se canceló la cátedra en salud sexual y reproductiva y, cuando se le pide tomar postura, la respuesta es siempre la misma: “eso no le corresponde a la academia”.

El caso de Abigail, víctima de secuestro y femicidio, lo ilustra bien. Al inicio, la rectora mostró un respaldo total. Sin embargo, cuando algunos de sus docentes fueron acusados de acoso sexual, la misma autoridad llegó a la mesa de violencia a defenderlos. No defendía a las estudiantes, defendía a la institución. Alegaba que estaba de manos atadas, que no podía hacer nada. Yo pensaba: “¡Paga la indemnización y bótales!” Una decana de otra universidad lo había dicho con claridad: si se quieren cambios estructurales, hay que invertir, y a veces esa inversión significa pagar la liquidación de un docente que perpetúa violencia. ¿Quién dice que ese hombre es indispensable?

Pero aquí se refugian en el argumento de “gasto administrativo”. Y mientras tanto, un docente con veinte años en la institución continúa con total impunidad. Se casó con una estudiante de 18 años, todos los años tenía una enamorada distinta en cada ciclo, después las humillaba y les hacía horrores. Y la universidad no hizo nada.

Por eso, para mí la academia debería tener un rol distinto: no solo repetir discursos hacia afuera, sino ser coherente con lo que enseña, generar investigación seria, construir prácticas preventivas, invertir en cambios reales. Porque si la universidad no se transforma en su propia casa, difícilmente podrá ser un motor de transformación para la sociedad.

17 FORTALEZAS: Convicción y gestión de recursos

Si algo nos sostiene es la convicción. No es un tema al que llegamos por moda ni por estrategia política, sino por certeza profunda: la despenalización del aborto debe ser total. Lo entendemos como parte de nuestra lucha más amplia por la igualdad, la autonomía y el derecho a decidir. Esa convicción se ha vuelto también una fuerza colectiva. En los últimos años ha crecido una masa crítica: jóvenes que hablan de feminismo, de aborto, de derechos, con claridad y con una conciencia definida sobre el horizonte al que quieren llegar.

La experiencia acumulada nos ha dado solidez. Hemos aprendido en el camino, construyendo buenas prácticas, compartiendo resultados, tejiendo alianzas muy valiosas en la región. Nada de esto es improvisado: son años de sostener procesos, de resistir, de insistir incluso cuando el panorama parecía adverso.

Pero la convicción, por sí sola, no basta. Sin recursos, sostener esta lucha sería imposible. Capacitación, información, generación de espacios, incluso la cátedra en salud sexual y reproductiva: todo comenzó gracias a financiamiento, antes de que existiera voluntad política para apoyarlo. La diferencia es que mientras el movimiento antiderechos dispone de recursos descomunales —cuatrocientas veces más que los nuestros— y una agenda política perfectamente estructurada, nosotras dependemos sobre todo de la cooperación internacional. Esa gestión ha sido clave para mantener vivo el trabajo, aunque siempre en condiciones desiguales.

El reto ahora es sostener lo ganado y seguir empujando hacia lo que todavía falta. Porque más allá de las dificultades, sabemos que la despenalización total llegará. No es un sueño ingenuo: es un horizonte inevitable. Algún día será ley.